A Moisés Rodríguez no le gusta el carnaval

Mientras el alboroto del carnaval continúa por la calle Comercio, un setenta y nueve añero está en su casa.

En el desfile de carrozas y comparsas, los tambores y las panderetas hacen retumbar las santa marías de los negocios, producen sonidos altísimos. En la calle Zaraza, en una casa verde, se encuentra Moisés Rodríguez, el cronista del pueblo. Tiene los ojos entre cerrados y abiertos encandilado por la luminosidad que una Pentium 4 refleja en sus ojos. Busca algunos datos en sus documentos. Está haciendo lo que casi siempre hace: leer, buscar fotografías y decir “esto fue en el año tal, cuando fulanito de tal dijo tal”.

Mientras presiona la tecla enter, en la calle Comercio sigue la pachanga: los jovencitos bailando samba, yéndose bajito, tanto así que las criaturas tienen que poner las manos en el asfalto sucio para no caer de largo a largo. Algunos se extienden en el pavimento. Pero así es el carnaval en Zaraza, una verdadera fiesta por cinco días seguidos.

A Moisés no le gusta participar en ninguno de los eventos de carnaval. Luego de que pasan las fiestas se sientan él y su esposa en el mueble de su casa y encienden el televisor, colocan el canal local y se disponen a ver lo que, a ausencia de ellos, estuvo pasando en las calles del pueblo durante el famoso “carnaval turístico del llano venezolano”.

Moisés no asiste a los eventos de carnaval no porque no puede, sino porque no quiere. “Si uno se va y deja la casa sola, se meten los bandidos y lo dejan a uno sin nada”, es uno de sus argumentos.

Pero alguna vez, hace muchos años, participó en las fiestas de carnaval. Es más, hasta debutó en los ya desaparecidos torbellinos con el grupo musical Jaime y sus muchachos.

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Moisés Rodríguez tiene 79 años. Nació el 16 de junio de 1933 en el barrio Golfo Triste, aquí en Zaraza. Sus padres fueron Antonio Moisés Reyes y Enriqueta Antonia Rodríguez, hija de doña Margarita Rodríguez, una de las fundadoras del sector donde se crió. Posterior a su experiencia laboral en el ramo de la contaduría pública, se dedicó al arte de escribir, publicando en el año 1972, con 41 años de edad, el libro Zaraza, desde una esquina con faroles, que goza aún de un incalculable valor cultural y literario en la localidad.

Don Moisés es serio y sobrio, tanto en su personalidad como en sus costumbres. Es ameno. Habla claro y raspao. Tiene una pequeña dosis de timidez, pero cuando comienza a hablar de lo que sabe, que es de su pueblo natal, no hay quien pueda detenerlo.

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Hace unos 40 años aproximadamente, Moisés participaba en las fiestas de carnaval de Zaraza cuando aún se realizaba el famoso torbellino, una celebración popular que abarcaba cuatro cuadras en las que en cada esquina se encontraba un grupo musical: cuando uno dejaba de tocar, la gente se trasladaba a otra esquina para bailar al son de otra orquesta.

Esa fiesta de calle comenzaba a las siete de la noche y finalizaba en la mañana del día siguiente. Desde hace 30 años aproximadamente ya no se realiza el torbellino.

Para entonces, Moisés se presentaba con Jaime y sus muchachos.

“Cuando llegué a la esquina de Cadafe, donde empezaba el torbellino, no podía creer que íbamos a cantar delante de aquel gentío, dos cuadras de gente a reventar”

Moisés Rodríguez

Cantaban toda la noche hasta las ocho de la mañana. “Era una fiesta sana, la gente, las familias, iban y la pasaban bien”, dice. Pero poco tiempo después “llegó la vagabundería” y se echó a perder todo.

Orquesta Jaime y sus muchachos. Foto de Moisés Rodríguez, cortesía de Henry Agobian Viettri.

Le dejó de gustar el relajo del carnaval cuando una mañana se encontró un pozo de sangre en el terreno donde hoy está construida la cancha techada El Carmen, en la Calle Las Flores. Más allá, entre Fotoclick musical y la esquina del Buen bocado, se tropezó con otro charco rojo.

La noche anterior, en el torbellino, hubo peleas a pico de botella. Unos se murieron y otros quedaron heridos.

Desde ese día a Moisés no le gusta el carnaval.

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A Moisés no le pesan los años. Actualmente mantiene un boletín informativo llamado El Unare, en el que sigue escribiendo sobre asuntos poco nombrados en el pueblo. Su lápiz se afinca en el papel y produce un contenido histórico, tradicional, escrito bajo una jerga coloquial, amena, jocosa. En la parte posterior del boletín se pueden leer algunos anuncios que delatan su personalidad.

“Con toda franqueza, trasladar una auyama desde el campo hasta la ciudad es algo difícil y complicado, en cambio encaramarse en la cabeza una caja de ron color gasolina 91 desde Zaraza hasta 28 kilómetros, no presenta ningún dolor de cabeza”.

Extracto del boletín El Unare, escrito por Moisés Rodríguez.

Moisés relata historias interesantes con su peculiar manera de escribir, traslada al lector a la Zaraza en la que él vivió. Leer su boletín es agradable. La publicación de enero fue la número 26 y seguirá escribiendo “para que el pueblo no muera”.

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Después de tropezarse con aquellos pozos de sangre, horrorizado y molesto con la situación, llegó a su casa y quemó una colección de fotos que tenía de los primeros carnavales de Zaraza, el de Mercedes Balza y unos cuatro más. ¡Cuánta falta hacen hoy día esas fotos! Pero a Don Moisés no hay quien le saque de la cabeza su disgusto con las festividades de carnaval. Y aunque le desagradan, dice que todos los años cometen un error.

“Ellos cuentan el carnaval desde 1968, que fue el año del segundo carnaval turístico de Zaraza. ¿Cómo lo van a contar así si el primer carnaval fue en 1967? ¡Ni que fuera un cumpleaños!”

Moisés Rodríguez

Toma una hoja en blanco y comienza año por año a contar las ediciones de carnaval. Al llegar al 2013, sube la cabeza y dice “¿Ves? No son 46 carnavales como ellos le meten el embuste a la gente, son 47”.

Tierra de cronistas y escritores

“Zaraza tiene tradición cronística”, dice el lingüista zaraceño Tito Balza Santaella en el prólogo de la obra Zaraza, un poco antes y después (Moisés Rodríguez, 1996).

Por Jorge Agobian
Por Jorge Agobian

En 2013 escribí esta crónica sobre Moisés Rodríguez.